TENDIENDO ROLES
TENDIENDO ROLES | ROLES Y ESTEREOTIPOS DE GÉNERO
Sinopsis de la obra
Tendiendo roles explora cómo los mandatos de género han relegado históricamente a las mujeres al espacio privado y a las tareas reproductivas: labores invisibles, sin salario, sin derechos y sin reconocimiento social. El montaje se compone de un tendedero doméstico del que cuelgan prendas íntimas sublimadas y láminas reinterpretadas de la Guía de la buena esposa de los años 50, un manual que instruía a las mujeres sobre cómo servir, obedecer y agradar al marido. Aunque pertenece a otra época, casi un siglo después sus mensajes siguen resonando en expectativas actuales sobre el cuidado, la disponibilidad y la entrega femenina.
La obra visibiliza cómo estos mandatos sitúan a las mujeres en una posición de inferioridad estructural que limita su autonomía económica y emocional. Esa falta de recursos e independencia —consecuencia directa de una vida dedicada al hogar sin derechos laborales— se convierte en un factor de riesgo ante la violencia de género, al dificultar la posibilidad de escapar o reconstruir una vida propia.
El uso del tendedero no solo representa el ámbito doméstico impuesto a las mujeres, sino también una metáfora del silencio: “hay ropa tendida”, aquello que está a la vista de todos pero de lo que no se habla.
Tendiendo roles invita a mirar de frente desigualdades que llevan décadas colgadas en silencio.
desarrollo del tema: roles y estereotipos de género
Los roles de género son normas sociales que dictan cómo deben comportarse mujeres y hombres según expectativas construidas culturalmente. Aunque se presentan como naturales, estos mandatos han asignado a las mujeres la responsabilidad del cuidado, la crianza, el mantenimiento del hogar y la gestión emocional. Este modelo ha limitado sus oportunidades educativas, laborales y económicas, y ha reforzado la idea de que su valor reside en servir y sostener a otros.
En Tendiendo roles, estos mandatos se representan a través de:
🔸 La carga doméstica y reproductiva
El espacio privado se convierte en el territorio asignado a las mujeres: tareas constantes, invisibles y sin derechos. Sin salario, sin vacaciones, sin horarios, sin paro y sin jubilación. Esta precariedad estructural limita la autonomía y la capacidad de decidir sobre la propia vida.
🔸 La Guía de la buena esposa
Publicada en los años 50, establecía instrucciones para que las mujeres se dedicaran a obedecer, servir y agradar al marido. Aunque parezca anacrónica, muchos de sus mandatos —la responsabilidad del cuidado, la carga mental, la disponibilidad emocional, la obediencia, el sacrificio— siguen vigentes hoy en formas más sutiles.
🔸 Roles de género y violencia
Asignar a las mujeres una posición subordinada y dependiente crea un terreno fértil para la violencia. La falta de independencia económica, la normalización del sacrificio y la idea de que deben aguantar o justificar ciertas actitudes pueden impedir que salgan de una situación de maltrato.
Los roles de género no solo reproducen desigualdad: ponen en riesgo la vida de las mujeres.
Comprender su origen, persistencia y consecuencias es esencial para desmontarlos y construir sociedades más igualitarias.
Recomendación cinematográfica: No soy un hombre fácil (Éléonore Pourriat, 2018)
No soy un hombre fácil propone una inversión de roles que evidencia cuán interiorizados están los mandatos de género. En la película, el protagonista despierta en un mundo donde las mujeres ocupan el poder y los hombres sufren las expectativas que suelen recaer sobre ellas.
La película revela que las desigualdades no se sostienen por naturaleza, sino por aprendizaje. Al mostrar a un hombre viviendo experiencias habituales para las mujeres —mansplaining, acoso callejero, comentarios sobre su cuerpo, etc—, la película expone cómo el sistema patriarcal asigna espacios, oportunidades y valor distintos a mujeres y hombres.

